domingo, 18 de febrero de 2018

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FRAGMENTOS

Imagino que es una jovencita. Y no hace mucho de esto puesto que los pedazos estaban agrupados y el texto es muy legible. Y yo, que soy una sentimental de mierda no he podido evitar el agacharme e intentar leerla. Al menos un fragmento. Sé que hubiera sido posible, dado el estado del papel, recoger los pedacitos y recomponerla. Y que el hacerlo no hubiese supuesto una intromisión en la intimidad de la autora, puesto que ella misma ha decidido abandonarla. Ella o la persona a la que iba dirigida. Aunque no lo creo. No creo que fuese un mensaje para nadie. Más bien sospecho que esas letras las escribió para sí misma. Para verter a través de la tinta su dolor y su infelicidad.

Como yo hacía.

“¿Por qué es tan difícil ser feliz?”- clamaba el texto. A través de esta frase y del resto de interrogantes que salpicaban la cuadrícula me he visto a mí misma, desorientada y sola, con diecisiete años y pensando que la vida no tenía nada más para ofrecerme. Y he mirado hacia atrás en perspectiva y he deseado saber quién es la chica, y poder abrazarla y decirle que todo pasará, y que esas montañas de cima inalcanzable que su mente ha construido serán, con el paso de los años, suaves dunas que podrá sortear sin la menor dificultad. Y que lo que tiene que hacer es agarrarse a la tinta y al papel, y vaciar su alma hasta que no le quede ni una gota de llanto que verter. Y secar sus lágrimas y mirar al frente, y bendecir el haber nacido en este lugar y en este tiempo. Y el poder escribir lo que siente en un papel y abandonarlo, sin miedo a que cualquiera lo lea y la persiga. Y celebrar ser mujer porque es hermoso. Y hasta estar triste. Porque solo mediante la tristeza se conoce el valor de la alegría. Y aprovechar la vida y olvidarse de esos pensamientos negros que no la llevan en ninguna dirección. Y rodearse de gente que la quiera. Y evitar a quienes no lo hacen. Y largarse con una buena amiga a emborracharse. Y conocer a un chico en la aventura que le saque este dolor de las entrañas. Y enamorarse para que su mundo se llene de lucecitas de colores. Para hundirse después de nuevo en la tristeza si la cosa no marcha. Pero ya con la certeza de que la vida es bella y el amor existe. Además del mar y el cielo y las canciones. Y la risa y el cine y los poemas. Y la amistad y las mañanas soleadas. Y los hermosos caminos arbolados como este, en el que derramó sus penas, para pasear por ellos disfrutando de la amistad, del sol y de la risa.

Eso le diría.

Porque es exactamente lo que me hubiese gustado que me hubieran dicho a mí.

#SafeCreative Mina Cb

sábado, 17 de febrero de 2018

 La imagen puede contener: una persona, calzado

EN MAL ESTADO

Me pesas

lo mismo que la tapa de una alcantarilla sobre el pie.

Me dueles lo mismo.

Me atrapas lo mismo.

Sigo
encadenada a ti
mediante un ineludible cordón umbilical.

Bendita esclavitud
que me mantiene viva
alerta
y llena de esperanza

y me permite que todo este amor
que en tu interior se pudre
como si fueras una fosa séptica

germine y se haga grande

aun siendo insuficiente para mí.

Ya no pienso
ni siento
ni deseo.

Camino entre tinieblas
lo mismo que un avión en la tormenta
sufriendo los bandazos

el piloto automático encendido
y sin ver nada claro frente a mí

el motor atronando mi cabeza
y los ojos perdidos
en el gris infinito

y un pensamiento terco tras la lengua
cada vez que regresas del trabajo

y me besas,

ausente y rutinario:

“Te tengo que dejar”

 

#SafeCreative Mina Cb
Inma Benítez
#poemasdeamor.

viernes, 16 de febrero de 2018

La imagen puede contener: personas sentadas 



TELÓN

Ya no te necesito,
siniestro, amargo,
triste y apolillado telón de terciopelo.

Ya de nada me sirven tus negruras,
tus polvorientos pliegues
que irritan mi garganta
y me provocas tos cuando te acercas
ni ese rancio chirrido
de los viejos raíles oxidados
a través de los cuales te deslizas
estrepitosamente
que ha llegado ya incluso a desvelarme

y de ahí mis ojeras
y mi rostro cetrino
y esa sonrisa que escapó hace meses
diluida entre el polvo
de tus lentos vaivenes
que me van a acabar volviendo loca.

Ya no quiero tenerte
tras de mí todo el tiempo
como un fantasma atroz y omnipresente
que me ha fagocitado poco a poco
hasta dejarme seca,
vacía,
desnortada....

una mínima sombra inconsistente
que se rebela, terca, a su destino.

Ya no te necesito.

Ahora quiero brillar.

#SafeCreative Mina Cb

jueves, 15 de febrero de 2018

 


 LA LIBERTAD

La libertad
en ocasiones
entumece los huesos y congela el alma.

Sobre todo esas noches en que todo
parece más oscuro
y los ojos no llegan a cerrarse
y el alba es gris
y densa

como el plomo.

A veces es así
no lo discuto

pero el resto del tiempo

es azul y fragante
igual que una mañana de verano
cuando el sol se despierta
y el cielo es raso y limpio

y el día es largo

y nadie nos espera.

#SafeCreative Mina Cb

miércoles, 14 de febrero de 2018

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ESTO NO ES un poema de amor:

Que quede claro.

No es este un texto laudatorio
en el que yo pretenda desgranar
tus cualidades

ni decirte lo mucho que me gustas
o la paz que has traído hasta mi vida

o lo orgullosa que me siento
de marchar a tu lado.

No te engañes

que a nuestra edad ya no hay romanticismo
sino cursilería.

Y tú y yo estamos ya de vuelta

(en fin... de vuelta solo yo
que tú más bien estás de vuelta y media)

y llevamos encima mucha mili
y muchos desengaños.

No es este, pues, un texto,
con el que yo pretenda
llevarte a huerto alguno
(y menos en invierno y en el norte)

sino tan solo un vil
y prosaico proyecto

(de versos que no riman)

para echarme al bolsillo
unos miles de euros

(que, de ganar, por cierto,
no pienso compartir contigo)

a través de un concurso.

¿O acaso te creías que era amor?

#SafeCreative Mina Cb
Inma Benítez
#poemasdeamor.

martes, 13 de febrero de 2018

La imagen puede contener: dibujo 



FETAL

Hay mañanas en las que los espejos
nos devuelven imágenes borrosas

y vagamos sin rumbo por la vida
con el ánimo gris

sabedores de ser
los únicos culpables de este estado
de apatía y zozobra.

Comienza entonces
la búsqueda incansable de mensajes,
de amigos,
de canciones,
de palabras que ejerzan la función
de milagrosos fórceps
y nos saquen del útero materno

del desánimo gris y quejumbroso
que a veces
nos invade y repliega

sin razón aparente.

#SafeCreative Mina Cb

lunes, 12 de febrero de 2018

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LOS SANCHESKI

Fuimos niños suicidas. Bueno, más bien niñas, porque lo de los patines era cosa de chicas. De hecho, puede que fuese la única disciplina lúdica en que a las chicas nos dejaban ser más burras que los chicos. Que ya era serlo...

Los patines Sancheski eran como las inyecciones de la hepatitis: una experiencia brutal para la que no existía anestesia posible. Ni cura. Salvo la mercromina, que mi madre usó a ríos para sanarme las brechas que me hacía cuando daba con mis rodillas en el pavimento. Y es que la chavalería de mi generación debería haber nacido con cremalleras en las articulaciones. Tal era el gasto en tiritas y mercurocromo a que sometíamos al presupuesto familiar.

Lo de los patines tenía, cómo no, un pequeño rito iniciático. Una etapa del quiero y no puedo donde el “monitor” (en mi caso mi hermana) regulaba con esa llave metálica cuyo uso estaba prohibido a los principiantes uno de los patines hasta dejarlo a tu medida, te lo colocaba, atándote las hebillas de las correas dispuestas en cruz y preocupándose de que el extremo no quedase colgando, con el consiguiente riesgo de engancharse entre las ruedas y provocar un accidente, y luego te iba dando las instrucciones pertinentes acerca de cómo girar, reducir o acelerar. Lo de frenar era otro tema, puesto que los modelos más antiguos (y los míos lo eran) no tenían esas pequeñas ruedecillas delante a las que, con una enorme dosis de irresponsabilidad, los fabricantes llamaban “frenos”. De modo que, una vez pasado el período de aprendizaje y ya sobre dos patines, lo que hacíamos todos era poner los brazos estirados hacia adelante en plan Boris Karloff haciendo de Frankenstein y frenar contra lo primero que se nos presentaba: un coche (parado o en marcha), un muro, un vecino, otro patinador… en fin… cualquier cosa.

Los patines Sancheski eran patines-patines. O sea de kamikaze. De hierro, con sus cojinetes que se iban desprendiendo con el uso haciendo oscilar el conjunto peligrosamente y unas arandelas abombadas que acababan oxidadas y llenas de bollos. Por no hablar de las ruedas, que con el desgaste se iban convirtiendo en metálicas esferas casi cúbicas de aristas redondeadas y desiguales las unas con respecto a las otras. Entonces sí que tenía mérito rodar con esos dinosaurios mutantes sin partirse la crisma… que ahí me gustaría ver a mi a los tiparracos esos que bailotean en las pistas de hielo al ritmo de Chopin. Que así cualquiera mantiene el equilibrio.

Claro que a nosotros el riesgo nos ponía. Es más, montábamos en cólera cuando alguien nos proponía cambiar nuestros zapatos metálicos por una de esas mariconadas que acababan de salir al mercado y que llevaban unas ruedas rojas a caballo entre la goma y el plástico. Y que no hacían ni la mitad de ruido. Sobre todo al caerte. Porque las chufas con los Sancheski eran de órdago a la gorda. Que tú estabas en el suelo, de espaldas y con las patas para arriba, como las cucarachas, y cuando llegaba tu madre a la media hora a ti no habían podido levantarte pero las ruedas seguían rulando todavía. Y con ese chasquido, ese chinchinchin característico que se quedaba flotando en el aire mientras los circulillos giraban delante de tus ojos, maliciosos, como diciendo “Mira… yo aún funciono y tú no”. Y tu madre gritándote que le ibas a quitar la vida, y desabrochándote las correas casi incrustadas al tobillo (porque no todo el mundo las llevaba cruzadas, como debía ser), y las ruedecillas a lo suyo, chinchinchin… mientras toda la chavalería hacía pasillo en medio de un silencio sepulcral a tu triunfal desfile, las rodillas ensangrentadas, altiva y orgullosa, rumbo a casa, donde te esperaban la esponja, la mercromina, el agua oxigenada y una bronca del quince por empeñarte en seguir usando esos patines en vez de ponerte los “en línea” que te había traído tu tío el de Alemania.

#SafeCreative Mina Cb