jueves, 11 de junio de 2015



FLASHBACK

No había vuelto a pasar por allí desde ese día. Ella lloraba, la cabeza apoyada sobre el volante, la mano en la llave de contacto, y él le acariciaba el pelo susurrándole que no había por qué preocuparse, que todo estaba bien, que no iba a abandonarla.
Por la noche, ella le leyó poemas de Lorca y de Machado. Y algún alejandrino de Rubén Darío. Y él se adormeció, tumbado en el sofá, la cabeza apoyada en sus rodillas, arrullado por los versos y por el aleteo de las pálidas hojas de los libros.

A la mañana siguiente salió de su vida para no volver jamás.

#SafeCreative Mina Cb

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